Capítulo
13.
(Narra
Harry)
La
llevé a donde había planeado, a aquella playa que tanto me gustaba.
Esa
chica tenía algo especial. Cuando le tapé los ojos, ella confió
plenamente en mí. Me estaba empezando a enamorar. Su melena rubia,
por la cintura, se meneaba con el leve tacto del viento, su suave
piel, se erizaba con el tacto de las yemas de mis dedos al cogerle
las manos.
Cuando
llegamos a aquel maravilloso lugar, la noté cabizbaja, cuando le
pregunté, me empezó a contar el por qué.
-Verás,
todo esto pasó hace apenas un año y medio. Volvía del instituto,
tan feliz como siempre, gritando y sonriendo. Abrí la puerta de mi
casa, y cuando entré, como de costumbre grité ''¡Mami, papi, ya
estoy aquí''. Fue extraño, siempre solía obtener respuesta, pero
ese día no fue así. Me extrañé, así que fui a ver si estaban en
la cocina. Lo único que encontré fue una nota en la cual ponía
''Estamos en el hospital, es importante, por favor, ven''. En cuanto
la leí, me fui corriendo hasta que llegué a ese sitio. A ese lugar
que tanto odiaba y aborrecía. Entré y me dispuse a llamar a mi
madre, cuando me choqué con ella. ¿Qué pasa? Le pregunté
asustada, no sabía nada, y me esperaba lo peor. Mi madre estaba
cabizbaja, en su mirada, notaba que estaba muy triste, en cualquier
momento comenzaría a llorar. Se acercó a mi oído y me dijo
''Cielo, tu abuelo está enfermo, le han dado muy poco tiempo''. En
ese momento, mi madre se derrumbó, y yo con ella. ''Pero, ¿qué
tiene?''. ''Cancer''.- en ese momento ella se derrumbó.
Me
sentía mal, al fin y al cabo, yo le había hecho recordar aquello.
La cogí por la cintura y la abracé por atrás. Entonces, ella se
dio la vuelta y me cogió más fuertemente. Pude notar su cabeza
haciendo presión en mi pecho. Pero aquello no me molestaba.
-No
tienes que hacerlo si no quieres- le dije.
-Si
que quiero, quiero seguir-
-Está
bien-
Noté
como cogió aire repentinamente, se separó de mi, se puso el pelo
detrás de sus orejas, se secó las lágrimas y comenzó a hablar de
nuevo.
-El
siguiente mes, mi vida transcurrió en torno a un hospital, en el
cual residía mi abuelo. Todos los días iba una o dos horas a verle.
Yo notaba que él estaba mal, pero cuando yo iba, él se incorporaba
en la cama de sábanas verdes de hospital, sonreía, y ponía su
mejor cara para mí.- Ella sonrió al recordar eso.-
En
ese momento, hubo una parte de mí que me decía que ella me
necesitaba. Me acerqué de nuevo y la volví a abrazar. Puso su
cabeza sobre mi hombro, y en esa posición, siguió contándome su
historia.
-Mi
abuelo cada vez estaba peor. A mi me encantaba la música, y bueno,
pues él me había regalado una guitarra cuando yo tenía catorce
años, así que no dudé en utilizarla para hacerle sentir mejor.
Todos los días llevaba mi guitarra conmigo y le cantaba su canción
favorita, 'Isn't she lovely'. Era gracioso, ya que por aquel entonces
yo ya era Directioner y sabía que esa era la canción que cantaste
para tu audición. Él lo sabía, y siempre que la cantaba, susurraba
tu nombre.-
Solté
una leve risa, no muy fuerte. Ella me acompañó, pero esta vez, ella
reía mucho más fuerte, como si le fuese la vida en ello.
-¡Marta
te vas a ahogar!- dije dándole golpecitos en la espalda.
-Enserio,
no voy a poder parar en un rato, no me conoces- dijo sin parar de
reir.
-Pues
no, pero no entiendo de qué te estás riendo-
-Es
que esto es ridículo-
-¿Dónde
ves la ridiculez?- dije extrañado. Ahí no pude aguantar contagiarme
de su risa.
-Pues
que estoy aquí, diciéndote como cantaba tu canción, no creo que te
interese mucho-
-Claro
que me interesa-
-Harry,
no mientas, se que tu no eres de esos que escuchan-
-Quizás
me subestimes Marta-
-Quizás-
-¿Sigues?-
-Bueno,
está bien.-
-Pasaron
dos meses desde que me dijeron su enfermedad y un día, llegué a mi
casa y me encontré a mi madre en la puerta de mi casa, con una foto
mía y suya con mi abuelo llorando en la puerta. Me acerqué a ella,
me llevé las manos a la cabeza y comencé a llorar. Nos abrazamos.
No hizo falta palabra para expresar tal dolor que sentíamos ambas.
Las dos lo sabíamos. Mi abuelo había muerto, y no había ningún
antídoto como en las películas para resucitarlo.- ya había parado
de reir, pero no estaba llorando. Simplemente tenía en su cara un
gesto amargo y a la vez melancólico.- Tardé mucho en superarlo, es
más, todavía no lo he conseguido y dudo olvidarme de él. Todavía
noto que él está aquí conmigo.-
-Y
está Marta, tu abuelo está siempre contigo.-
-Gracias
por escucharme Harry, no sabes cuanto tiempo hacía que no podía
hablar con nadie así.-
-Siempre
es un placer, recuerdalo, estoy ahí para todo, si necesitas hablar,
sólo tienes que llamarme-
-Muchas
gracias-
-A
ti preciosa-
Estuvimos
callados unos cinco minutos. Yo analizaba la situación, y ella
simplemente trataba de olvidar. De repente, ella se quitó el abrigo
y el chaleco, y se quedó en camiseta. Me agarró de la mano.
-¿Qué
haces?-
-Vamos
al agua!-
-¿Pero
tú estás loca?-
-No,
venga es divertido-
-Eres
tonta-
-Pues
te vas a bañar con esta tonta-
Me
quité la sudadera y la camiseta, quedándome con el torso desnudo.
Ella deslizó su mirada hacia él durante unos dos segundos, pero no
lo habría notado si no estuviese pendiente de sus bonitos ojos
verdes. Me tiró de la mano y me llevó hasta el agua. Yo me solté y
me quedé mirandola mientras se metía corriendo en el agua.
Ella
se sumergió, y cuando salió, comenzó a jugar con las olas como una
niña pequeña. Me hizo gracia, y me empecé a reir.
-¿De
qué coño te ries? Eres un capullo- dijo riéndose.
-Me
rio de ti, me haces gracia-
-Eres
un capullo, repito-
-Ya,
pero me gusta serlo-
-Pues
a mi no me gusta que lo seas-
-Es
lo que hay- dije riéndome.
-Gilipollas-
-¿Cómo
has dicho?-
-Gilipollas!-
dijo sacándome la lengua.
-Te
vas a enterar- dije a la vez que empezaba a correr hacia ella.
-No!-
dijo corriendo hacia dentro.
-Te
vas a ahogar, ya verás-
-Si
no me estuvieses persiguiendo- dijo poniendo los ojos en blanco.
Me
acerqué a ella, le agarré la cabeza y la sumergí durante apenas
dos segundos. Solo para hacer la gracia claro, no quería ahogarla.
Cuando salió a la superficie, logró desacerse de mi, y me cogió
ahora ella, dándome otra ahogadilla.
-No
sabes donde te metes- gritó mientras me sumergía en el agua.
-Tú
si que no lo sabes- dije agarrándola.
Estuvimos
un rato jugando, hasta que decidimos que era ya la hora de comer.
-Bueno,
y ahora, ¿A dónde vamos?-
-Es
una sorpresa- dije sacándole la lengua.
-Me
sacas de quicio- dijo poniendo los ojos en blanco.
-Me
gusta hacerlo- dije riendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario