viernes, 7 de diciembre de 2012

Capítulo 13.


Capítulo 13.
(Narra Harry)

La llevé a donde había planeado, a aquella playa que tanto me gustaba.
Esa chica tenía algo especial. Cuando le tapé los ojos, ella confió plenamente en mí. Me estaba empezando a enamorar. Su melena rubia, por la cintura, se meneaba con el leve tacto del viento, su suave piel, se erizaba con el tacto de las yemas de mis dedos al cogerle las manos.

Cuando llegamos a aquel maravilloso lugar, la noté cabizbaja, cuando le pregunté, me empezó a contar el por qué.
-Verás, todo esto pasó hace apenas un año y medio. Volvía del instituto, tan feliz como siempre, gritando y sonriendo. Abrí la puerta de mi casa, y cuando entré, como de costumbre grité ''¡Mami, papi, ya estoy aquí''. Fue extraño, siempre solía obtener respuesta, pero ese día no fue así. Me extrañé, así que fui a ver si estaban en la cocina. Lo único que encontré fue una nota en la cual ponía ''Estamos en el hospital, es importante, por favor, ven''. En cuanto la leí, me fui corriendo hasta que llegué a ese sitio. A ese lugar que tanto odiaba y aborrecía. Entré y me dispuse a llamar a mi madre, cuando me choqué con ella. ¿Qué pasa? Le pregunté asustada, no sabía nada, y me esperaba lo peor. Mi madre estaba cabizbaja, en su mirada, notaba que estaba muy triste, en cualquier momento comenzaría a llorar. Se acercó a mi oído y me dijo ''Cielo, tu abuelo está enfermo, le han dado muy poco tiempo''. En ese momento, mi madre se derrumbó, y yo con ella. ''Pero, ¿qué tiene?''. ''Cancer''.- en ese momento ella se derrumbó.

Me sentía mal, al fin y al cabo, yo le había hecho recordar aquello. La cogí por la cintura y la abracé por atrás. Entonces, ella se dio la vuelta y me cogió más fuertemente. Pude notar su cabeza haciendo presión en mi pecho. Pero aquello no me molestaba.

-No tienes que hacerlo si no quieres- le dije.
-Si que quiero, quiero seguir-
-Está bien-

Noté como cogió aire repentinamente, se separó de mi, se puso el pelo detrás de sus orejas, se secó las lágrimas y comenzó a hablar de nuevo.

-El siguiente mes, mi vida transcurrió en torno a un hospital, en el cual residía mi abuelo. Todos los días iba una o dos horas a verle. Yo notaba que él estaba mal, pero cuando yo iba, él se incorporaba en la cama de sábanas verdes de hospital, sonreía, y ponía su mejor cara para mí.- Ella sonrió al recordar eso.-

En ese momento, hubo una parte de mí que me decía que ella me necesitaba. Me acerqué de nuevo y la volví a abrazar. Puso su cabeza sobre mi hombro, y en esa posición, siguió contándome su historia.

-Mi abuelo cada vez estaba peor. A mi me encantaba la música, y bueno, pues él me había regalado una guitarra cuando yo tenía catorce años, así que no dudé en utilizarla para hacerle sentir mejor. Todos los días llevaba mi guitarra conmigo y le cantaba su canción favorita, 'Isn't she lovely'. Era gracioso, ya que por aquel entonces yo ya era Directioner y sabía que esa era la canción que cantaste para tu audición. Él lo sabía, y siempre que la cantaba, susurraba tu nombre.-

Solté una leve risa, no muy fuerte. Ella me acompañó, pero esta vez, ella reía mucho más fuerte, como si le fuese la vida en ello.

-¡Marta te vas a ahogar!- dije dándole golpecitos en la espalda.
-Enserio, no voy a poder parar en un rato, no me conoces- dijo sin parar de reir.
-Pues no, pero no entiendo de qué te estás riendo-
-Es que esto es ridículo-
-¿Dónde ves la ridiculez?- dije extrañado. Ahí no pude aguantar contagiarme de su risa.
-Pues que estoy aquí, diciéndote como cantaba tu canción, no creo que te interese mucho-
-Claro que me interesa-
-Harry, no mientas, se que tu no eres de esos que escuchan-
-Quizás me subestimes Marta-
-Quizás-
-¿Sigues?-
-Bueno, está bien.-

-Pasaron dos meses desde que me dijeron su enfermedad y un día, llegué a mi casa y me encontré a mi madre en la puerta de mi casa, con una foto mía y suya con mi abuelo llorando en la puerta. Me acerqué a ella, me llevé las manos a la cabeza y comencé a llorar. Nos abrazamos. No hizo falta palabra para expresar tal dolor que sentíamos ambas. Las dos lo sabíamos. Mi abuelo había muerto, y no había ningún antídoto como en las películas para resucitarlo.- ya había parado de reir, pero no estaba llorando. Simplemente tenía en su cara un gesto amargo y a la vez melancólico.- Tardé mucho en superarlo, es más, todavía no lo he conseguido y dudo olvidarme de él. Todavía noto que él está aquí conmigo.-
-Y está Marta, tu abuelo está siempre contigo.-
-Gracias por escucharme Harry, no sabes cuanto tiempo hacía que no podía hablar con nadie así.-
-Siempre es un placer, recuerdalo, estoy ahí para todo, si necesitas hablar, sólo tienes que llamarme-
-Muchas gracias-
-A ti preciosa-

Estuvimos callados unos cinco minutos. Yo analizaba la situación, y ella simplemente trataba de olvidar. De repente, ella se quitó el abrigo y el chaleco, y se quedó en camiseta. Me agarró de la mano.
-¿Qué haces?-
-Vamos al agua!-
-¿Pero tú estás loca?-
-No, venga es divertido-
-Eres tonta-
-Pues te vas a bañar con esta tonta-

Me quité la sudadera y la camiseta, quedándome con el torso desnudo. Ella deslizó su mirada hacia él durante unos dos segundos, pero no lo habría notado si no estuviese pendiente de sus bonitos ojos verdes. Me tiró de la mano y me llevó hasta el agua. Yo me solté y me quedé mirandola mientras se metía corriendo en el agua.
Ella se sumergió, y cuando salió, comenzó a jugar con las olas como una niña pequeña. Me hizo gracia, y me empecé a reir.

-¿De qué coño te ries? Eres un capullo- dijo riéndose.
-Me rio de ti, me haces gracia-
-Eres un capullo, repito-
-Ya, pero me gusta serlo-
-Pues a mi no me gusta que lo seas-
-Es lo que hay- dije riéndome.
-Gilipollas-
-¿Cómo has dicho?-
-Gilipollas!- dijo sacándome la lengua.
-Te vas a enterar- dije a la vez que empezaba a correr hacia ella.
-No!- dijo corriendo hacia dentro.
-Te vas a ahogar, ya verás-
-Si no me estuvieses persiguiendo- dijo poniendo los ojos en blanco.

Me acerqué a ella, le agarré la cabeza y la sumergí durante apenas dos segundos. Solo para hacer la gracia claro, no quería ahogarla. Cuando salió a la superficie, logró desacerse de mi, y me cogió ahora ella, dándome otra ahogadilla.

-No sabes donde te metes- gritó mientras me sumergía en el agua.
-Tú si que no lo sabes- dije agarrándola.

Estuvimos un rato jugando, hasta que decidimos que era ya la hora de comer.

-Bueno, y ahora, ¿A dónde vamos?-
-Es una sorpresa- dije sacándole la lengua.
-Me sacas de quicio- dijo poniendo los ojos en blanco.
-Me gusta hacerlo- dije riendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario